Escuela activa y libertaria

Emociones enmascaradas: cuando el miedo se manifiesta como enfado

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En los talleres de acompañamiento respetuoso, Txelu, acompañante de nuestra peque en La Tribu, habla de las emociones enmascaradas, que es cuando la tristeza o el miedo, por ejemplo, se manifiestan como enfado. No solo ocurre en las peques, también nos pasa mucho a las adultas, que para no mostrar nuestra vulnerabilidad expresamos ira cuando a lo mejor lo que nos pasa es que sentimos miedo.

Gracias a saber esto ayer pudimos darnos cuenta de qué le estaba ocurriendo a nuestra hija, y aun así, ojalá nos hubiésemos dado cuenta antes.

Yo llevaba ya dos días en la cama por gastroenteritis, mi pareja sintiéndose mal a punto de caer, y la peque actuaba de una manera que se nos hacía muy extraña: estaba irascible, beligerante, todo el tiempo retándonos… lo último que necesitas cuando te encuentras muy mal, vamos.

Al final del día tuvimos conflicto porque de repente quería beberse todos los bricks de suero oral que, encima, cuando había estado enferma, detestaba. Lloraba y decía que los quería todos para ella, que no quería que bebiésemos nosotras ninguno.

Al principio le respondíamos que no podía ser porque son carísimos (¡¡10 euros tres bricks pequeños!!), que ella ya no estaba malita y nos los tenía que dejar porque nosotros teníamos gastroenteritis. Eso solo la ponía peor y, en una de las ocasiones, dijo: «¿Y quién me va a cuidar a mí?». Y ahí lo supimos, su enfado era manifestación de otra cosa…

Le dije «estás preocupada porque estamos enfermas, sientes miedo» y la abracé. Me respondió que sí y empezó a soltar todo lo que sentía, que tenía miedo de que su padre y yo nos muriésemos, o de que nos quedásemos así «para siempre» y que quién iba a estar con ella.

Le conté que era la misma enfermedad que había tenido ella y que me curaría pasados unos días (¡hoy ya casi estoy!), y que aunque estuviésemos en la cama tenía que saber que siempre íbamos a cuidarla y a quererla.

Luego me volvió a decir que quería beberse todos los sueros y no dejarnos nada a su padre y a mí y comprendí su pensamiento mágico: «si me bebo todos los sueros, mi padre y mi madre no los van a beber y eso significará que están bien». Así que le expliqué que con los sueros nos pondríamos bien antes, le di muchos besos y las buenas noches y se quedó plácidamente dormida.

Hoy se ha levantado como una rosa, sin miedo, sin ira, y nosotras muy contentas de haberla comprendido, aunque con la espinita de que ojalá lo hubiésemos hecho un rato antes.

La moraleja es lo que ya sabíamos, pero que de repente al estar enfermas nos costó más ver: si una peque actúa así es porque tiene un malestar y no sabe cómo expresarlo. Somos las adultas quienes tenemos la responsabilidad de estar a su lado, no enfrente, y ayudarles a comprender sus emociones.

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Familia S

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Por Familia S
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