Escuela activa y libertaria

Los fundamentos de una verdadera autonomía

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Los momentos de juego en que el pequeño actúa con autonomía

El potencial innato del pequeño comporta una tendencia al crecimiento y al desarrollo. Los niños y las niñas son empujados por una fuerza interior, un deseo de experimentación de su cuerpo y de los objetos del entorno. El cuidado corporal de calidad favorece esta tendencia innata del pequeño a la autonomía, a conocer y a habitar su cuerpo, a extraer aprendizajes del ejercicio de sus funciones corporales y a aceptar los límites de su piel, que separa el «yo» y el «no-yo».

En este proceso, se observa una progresión permanente y una sucesión de etapas comunes a todos los pequeños, pero con un ritmo propio para cada uno de ellos.

  • mantener y dar apoyo a este gusto innato y natural;
  • protegerlo para que no se inhiba;
  • proporcionarle las condiciones que favorezcan su desarrollo.

A través de esta actividad el pequeño puede acumular las experiencias que favorecen no sólo un desarrollo motor armónico, sino también:

  • la construcción de las bases de su sentimiento de eficacia y de desarrollo intelectual;
  • el desarrollo de su capacidad para ser un adulto creativo y responsable

Ser activo de una manera autónoma desde bien pequeño tiene, pues, importancia tanto para el presente como para el futuro. Además, es fuente de placer y de satisfacción. Por eso es importante para todos los pequeños, criados en familia o en colectividad,vivir desde bien pequeños en unas condiciones que les permitan descubrir el placer que les puede producir su propia actividad espontánea y hacerla crecer gracias a los resultados obtenidos.

A todas las actividades corporales se asocia una necesidad de ejercerlas y desarrollarlas, aunque esta necesidad no empiece a manifestarse hasta un cierto estadio de maduración física y psíquica del niño. Cada nueva adquisición procede de la precedente, no emerge hasta que la precedente está bien acabada y forma una base sólida para las adquisiciones futuras, puesto que procura al pequeño un dominio real del gesto y una seguridad en la ejecución.

Cuando observas un bebé en buen estado psíquico, con un espacio suficiente y juguetes adecuados, percibes en sus ejercicios un interés vivo, una atención concentrada, una tenacidad y una intrepidez serenas, que a menudo no se observan de una manera tan nítida en los niños de más edad. A nuestros ojos, se muestra cada vez más experimentado en aquello que emprende.

El vídeo ilustra las bases del Método Feldenkrais, si bien lo hemos escogido porque nos parece que muestra el placer que un bebé siente cuando se mueve de forma autónoma, la armonía en sus gestos, así como también las posturas intermedias, tan importantes para el asentamiento de una base sólida en el desarrollo psicomotor.

Papel del adulto en la autonomía. Interacción adulto-pequeño en la corta distancia

El respeto de la actividad libre del pequeño demanda un seguimiento atento de los adultos, basado en los conocimientos y las observaciones. Para este seguimiento, hay que dar a cada momento unas respuestas tan adaptadas como sea posible a las necesidades de actividad del pequeño.

Estas respuestas, por su parte, susciten en él el deseo de avanzar. ¿Cuáles son los elementos esenciales de este seguimiento?

Sentirse seguro es indispensable para el pequeño. La base de este sentimiento le es proporcionada por la seguridad afectiva que le procura una relación con el adulto cálida, hecha de ternura y de confianza. Esta relación es uno de los elementos impulsores de su gusto por la actividad libre y autónoma, fuente de placer y de experiencias que favorecen un desarrollo armónico, sustentado por un sentimiento de eficacia en sus relaciones con el adulto y en aquello que emprende.

El gusto de la actividad se agota bien pronto si no es alimentado por esta relación afectiva. Pero el sentimiento de seguridad se construye también en el pequeño de acuerdo con el apoyo que le proporciona el adulto. Este apoyo pasa por un conjunto de elementos que examinamos a continuación.

Desde el momento en que el pequeño «hace saber» con alguna especie de signo que se encuentra en dificultades, el adulto que lo ha oído le indica que se ha dado cuenta, aunque esté fuera de su campo visual. De hecho, para el
pequeño en actividad libre, estar solo no significa sentirse abandonado, sino que se trata más bien de largos momentos de serenidad y de juego tranquilo sin intervención directa intempestiva del adulto.

La intervención directa en la actividad del pequeño le priva de la satisfacción de actuar por sí mismo y modifica sus expectativas y sus iniciativas. Además, le procura una gratificación de una intensidad tal que suscita una dependencia a la que renunciará difícil mente.

El pequeño, si se siente frustrado y desanimado por el hecho de no llegar por sí mismo, tan de prisa y fácilmente como con un adulto, a una determinada satisfacción, pierde interés y placer en el ejercicio de las actividades que corresponden a su nivel de desarrollo. Se siente frustrado porque estos pocos momentos de juego iniciados por el adulto han suscitado expectativas que no siempre pueden ser satisfechas. Deviene cuanto más avanza, más dependiente, en lugar de estar cada vez más seguro de sí mismo y ser más independiente.

Si espera la iniciativa desde el exterior, fácilmente da la impresión de aburrirse, al no saber qué hacer por sí mismo. Proponiendo al pequeño unos objetivos que no son los suyos, la intervención del adulto no sólo estorba su actividad autónoma y sus propios objetivos, sino que también aumenta artificialmente la dependencia del pequeño respecto del adulto; mientras que la actitud respetuosa por la autonomía proporciona la base de una relación adulto pequeño en la cual cada uno presta atención al otro y vive en una confianza mutua.

El respeto por la actividad autónoma del pequeño no significa de ninguna manera la indiferencia del adulto. Éste está cerca, entre él y el pequeño hay una relación a distancia y, en algunos momentos, interacciones visuales o intercambios de palabras o de sonidos.

El punto importante es que la criatura pueda sentir e imaginar la presencia del adulto, saber por experiencia que está allí, que está disponible si lo necesita. De vez en cuando el adulto reconoce el éxito del pequeño por medio de un comentario oral y le ayuda a tomar consciencia de sus resultados. El pequeño, por su parte, tiene necesidad de compartir su alegría con un adulto que quiere cuando asume un nuevo resultado. Pero se ha de sentir también aceptado y apreciado aunque no haya ningún resultado espectacular.

El adulto, con un lenguaje rico durante los intercambios de gestos y palabras, permite que el pequeño, a su nivel, pueda tomar consciencia de sí mismo y de su entorno y pueda situarse en los acontecimientos de su vida y sus relaciones.

El respeto del ritmo de sus avances motores, que implica no ponerlo nunca en una postura que el pequeño todavía no domina por sí mismo o animarlo a hacer alguna cosa más allá de sus capacidades, forma parte también del apoyo indirecto que el adulto ha de proporcionar.

La tarea del adulto consiste también en poner al pequeño en condiciones tales que pueda ejercer sus competencias, a pesar de estar protegido de las situaciones peligrosas.

La atención y el interés del pequeño se establecen al ritmo exacto de su madurez y al nivel correspondiente a su estadio de desarrollo, cuando su espacio de juego está bien acondicionado, es decir, cuando hay una cantidad adecuada de buenos juguetes, no está rodeado de juguetes sobreestimulantes y «provocadores» (que comienzan a moverse o a producir ruidos en cada uno de los gestos involuntarios) y que se siente bien en su cuerpo y libre en sus movimientos.

Nos parece interesante este vídeo por que en él podemos observar un entorno preparado donde las bebés están completamente entregadas a la exploración, tanto de sus propios movimientos como del entorno. Las adultas están presentes, atentas, pero no interfieren en los movimientos de las peques.

Fuentes:

Extracto de un artículo de Judith Falk, con el mismo título.
Publicado en la revista Infancia: educar de 0 a 6 años. ISSN 1130-6084, N.º 116,2009, 21-31.
También puedes acceder al resto del artículo en el siguiente enlace: http://www.seminariopikler.com/documentos/mediateca/articulos/Los_fundamentos_de_una_verdadera_autonomia_Judit_Falk.pdf

Vídeo:

Las bases de Feldenkrais – Desarrollo Humano, Gatear

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