Escuela activa y libertaria

PRESENTACIÓN

P

La Tribu somos un proyecto de pedagogía libertaria. En nuestra presentación nos definimos así porque nos sentimos afines a los valores que promueve el anarquismo: igualdad, respeto, valoración a la diversidad, autogestión, apoyo mutuo… consideramos que la educación es una herramienta de transformación social y de ahí que sea tan importante para nosotras la creación de espacios donde nos relacionemos las personas adultas entre sí y con las niñas y niños de forma horizontal, se generen experiencias de enriquecimiento mutuo, de aprendizaje compartido, servir como modelo hacia las niñas y niños…

Es un proyecto destinado a criaturas desde 30 meses a 6 años, así como para las personas que las acompañan en su vida.

Creemos firmemente en que un cambio social es posible, y tomamos la educación como principal herramienta promotora de este cambio. Al hablar de educación no nos referimos únicamente hacia la niñez, sino también a la búsqueda de generar relaciones más igualitarias entre las personas adultas. De ahí que este proyecto sea autogestionado y sostenido a través de la cooperación adulta; facilitando así la participación de cualquier familia que tenga interés por formar parte de él, independientemente de su situación económica.

Optamos por la ética libertaria como referente de nuestros valores porque estimamos que se relacionan con la naturaleza del Ser Humano: curiosidad, experimentación, creatividad, autodirección, pensamiento crítico… son cualidades que consideramos inherentes a la condición humana.

Vivimos en un mundo donde las criaturas no son respetadas ni tenidas en cuenta por ser como son y son minusvaloradas por el momento vital en el que se encuentran. Consideramos que las personas adultas debemos reflexionar sobre el modo en el que vemos y nos relacionamos con ellas. Y por ende, generar formas de incluirlas en nuestra sociedad, que también les pertenece, que empiecen por escucharlas. Consideramos que estas formas de relacionarnos con la niñez vienen marcadas por los valores estatistas, capitalistas y los promovidos desde las instituciones religiosas que se representan en la niñez por medio del adultocentrismo, la normatividad y el consumismo. Por eso, este proyecto nace con la intención de generar espacios de encuentro y convivencia organizados horizontalmente.

El adultocentrismo, la relación de dominación de las personas adultas sobre las criaturas, ejerce su control sobre la niñez despreciando sus capacidades, su potencial innato:

  • No respeta la vivencia de las diferentes etapas evolutivas, puesto que se considera a las criaturas como “pseudopersonas”, seres que aún no tienen la condición de ser, dada la permanente presión para proyectar su ser en el futuro; preparándose así para la adultez (la etapa “respetable”) y obviando por ello, los imprescindibles aprendizajes que corresponden a cada momento vital. Con su correlato en la negación de tiempo para el juego libre, forzando a la asunción de interminables “jornadas laborales” que comprenden el horario escolar y extraescolar, preparándose así para ese “prometedor futuro”.
  • El diseño de las ciudades supone un control del uso de los espacios, recluyendo a las niñas y los niños en acotados lugares de juego. Continuos carteles que prohíben el juego en plazas o pisar el césped, así como la omnipresencia del coche, reducen el espacio de juego a los “parques infantiles”.

La normatividad, la consideración de un modelo de persona que tomar como referente (hombre, blanco, occidental, sano, heterosexual…), origina discriminación y pérdida de identidad:

  • En relación a la identidad y orientación sexual, la niñez es sometida a la interiorización del heteropatriarcado: según el sexo, desde el nacimiento se atiende a un condicionamiento que conduzca a la asunción de un rol de género. Por ejemplo, a los niños (en masculino) se les criminaliza cuando su comportamiento o actitud se acerca a lo que pretende rechazar la normatividad: ser niña o “mariquita”.
  • Considerando el lugar de procedencia, se estima que hay que “domesticar” a las criaturas cuyas familias proceden de países pobres (explotados).
  • La crianza en un tipo de familia no nuclear (hombre, mujer y descendencia) se cree que afectará emocional y psicológicamente a la niñez.
  • Diagnósticos clínicos de discapacidad provocan unas expectativas negativas hacia la persona, dado el imaginario colectivo creado, condicionando la igualdad de oportunidades de criaturas con diagnóstico.

El consumismo capitalista es otra forma de control. La niñez se ha convertido en objeto de consumo. Las criaturas sufren diariamente la exposición a innumerables estímulos que fomentan el consumismo, derivando de ello unas negativas consecuencias que conforman la personalidad, que originan la interiorización de unos determinados valores:

  • Pasividad ante juguetes en los que únicamente hay que presionar un botón y observar cómo la actividad se traslada del niño o la niña al objeto mecanizado. Actividad pasiva que provoca insatisfacción, el pronto aburrimiento y por tanto, la demanda de nuevos juguetes (acumulación). Ocasionando además dicha pasividad, la coartación de la creatividad.
  • Identificación con modelos de personalidad a través de roles estereotipados y dicotomizados de actitudes y comportamientos: mayor permisividad ante las “travesuras” de los niños y una exigencia de sumisión hacia las niñas; resaltar la belleza y la sensibilidad de las niñas y la inteligencia y fuerza de los niños; juguetes relacionados con el cuidado para las niñas y con la acción y la violencia para los niños…

Creemos en la necesidad de una profunda transformación social. Para ello, consideramos necesarias diferentes herramientas que promuevan dicho cambio: centros sociales, sindicatos obreros, grupos de consumo, medios de difusión antiautoritarios, asambleas feministas… y espacios de aprendizaje antiautoritarios.

colectivo «La Tribu»

Escuela activa y libertaria